Yoga: un camino hacia ti
La atracción por el yoga puede ser algo visual. Quizás has contemplado una bonita imagen de una postura, en un entorno idílico y algo dentro de sabe que NECESITAS poderte sentir de ese modo.

Una vez leí algo a favor de estas imágenes inspiradoras: lo que muchas veces nos inspira es la PAZ y la CALMA que transmiten. Queremos parar, necesitamos parar y poder encontrar, en algún rincón de nuestra ajetreada vida, que es posible el EQUILIBRIO.
Con esta firme motivación por incorporar algo de bienestar a tu rutina, quizás has considerado la práctica de yoga y has dado los primeros pasos para acercarte a ello: indagar si hay algún centro cercano a tu zona de residencia o trabajo, buscar vídeos en Youtube para probar qué tal te sienta una clase, o consultar con tus amigas y amigos yogis, que tan fieles parecen a esa cita ineludible con su esterilla.
La motivación es necesaria para realizar cualquier cambio en nuestros hábitos pero la motivación tiene dos momentos clave:
1.- Darnos la fuerza para iniciar una acción.
2.- Darnos la fuerza para mantener esa acción en el tiempo.
Seguro que sabes que lo segundo es más difícil que lo primero.
La vida real y sus urgencias
Uno de los principales obstáculos para decidirnos a incorporar el YOGA en nuestro día a día es la falta de tiempo. Lo sabemos. Sabemos que nos va a costar encontrar el hueco en la agenda. Y que, aunque lo encontremos, será un elemento que sufrirá la presión del resto de actividades, que son, siempre, siempre, más URGENTES.
Y es que tendemos a caer en esa trampa de priorizar lo URGENTE frente a lo IMPORTANTE. Y por eso, aunque cuidarte, dedicarte un ratito de movimiento, cultivar tu salud física y mental, y contribuir a reducir tu nivel de estrés puede ser algo ESENCIAL, a veces lo dejamos al final de la lista frente a tareas URGENES pero nada trascendentales que se van comiendo el orden y la coherencia de nuestros planes.
El poder del compromiso
Frente a la falta de tiempo, el COMPROMISO que necesariamente requiere un hábito transformador aparece como una montaña muy difícil de escalar. ¿Quién necesita un reto más? Parece decirte esa vocecita que sabe que ya estás haciendo malabares para llegar a todo… Y realmente esa voz tiene razón, pero no del todo. Practicar YOGA para mejorar tu vida va a requerir un compromiso. Y te va a suponer algo de esfuerzo asentarlo. Pero si lo permites, si dejas que esta rutina se vaya haciendo poco a poco un hueco en tu día a día, el cambio habrá llegado para quedarse, y esa imagen de CALMA y SERENIDAD que te atrajo desde el comienzo se habrá convertido en el rincón íntimo, completamente asequible, al que siempre puedes regresar porque es tu camino a ti, tu centro y el lugar en el, que pase lo que pase fuera, podrás nutrirte y generar una energía en calma para estar en el mundo desde la estabilidad que has conquistado.
Por tanto, podemos decir que el YOGA va a convertirse en esa actividad de la que vas a obtener tanto como inviertas.
¿Eso significa compromiso? Sí, evidentemente.
¿Eso significa esfuerzo? A veces el esfuerzo será mantener la práctica. Otras veces, será practicar de manera imperfecta (esto cuesta más). Y, según avances en tu autoconocimiento sobre la esterilla, habrá ocasiones en las que el esfuerzo será tomar conciencia de cómo estás, de qué te afecta, de cómo estás reaccionando y cuáles son esos patrones que se repiten y te encadenan a situaciones recurrentes.
Autoconocimiento y claridad
¿Es que a través del yoga voy a tener que lidiar con mis emociones?
Sí, esto es así. Aunque comience como un deporte (ufff… mira que a los yogis nos suena raro leer esta palabra en este contexto), el yoga va a llevar tu atención al cuerpo porque el movimiento que vas a realizar busca una cualidad esencial: la CONSCIENCIA.
Cuando tu relación con el cuerpo se vuelve más CLARA, tu mirada se transforma. El cuerpo es un ancla para poder tener tu atención en el momento presente. Este momento que estás habitando se construye con tus sensaciones, tus pensamientos y tus emociones, pero sobre todo, con la interpretación que realizas de todo ello. Por eso el cuerpo te va a llevar a conectar con cómo estás, con quién eres, y esa conexión se va a ir reforzando a través del mágico vínculo de la RESPIRACIÓN.
Todo con este toque de ‘CONSCIENCIA’ que va a ir formando parte de tu práctica. Sin exigencias, sin expectativas, sin forzar, pero regresando una y otra vez a ese lugar de observación que se va a ir volviendo cada vez más tuyo.
Yoga como una forma de estar en el mundo
Por todo eso solemos decir (y escuchar a muchos practicantes) que yoga no es una actividad, es una forma de estar. Y es cierto. Pero todo lleva su tiempo. Es muy necesario honrar el proceso y disfrutar con él.
Tenemos ansiedad ante las tareas que emprendemos porque la unidad de medida para todo lo que conlleva tiempo se ha devaluado mucho. Queremos llegar a nuestro destino YA MISMO, sin entender que a veces, la mayor riqueza del viaje está en el RECORRIDO.
Deja que la práctica de yoga vaya calando en tu vida al ritmo que TÚ NECESITAS. No hace falta obtener resultados. Centra tu compromiso en el PROCESO y disfruta del camino.
Los obstáculos que vayan surgiendo son parte ESENCIAL del aprendizaje. Hazles también un espacio, observa cómo te relacionas con ello y vuelve a tu respiración como ese lugar sencillo y siempre a mano.
Estás a punto de enriquecer tu vida y, quizás, transformarla para siempre.
Bienvenida/o a la magia del yoga. La magia de estar plenamente consciente.
Un abrazo
Marta.-